• LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

    “LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO”

    Con esta frase ya muy conocida de todos los cristianos el Papa Francisco nos invita en su primera exhortación apostólica «Evangelii Gaudium» a renovar el motivo principal que todo cristiano tiene para ser feliz: somos hijos de Dios, hermanos en Cristo.

    A continuación, recogemos las frases más destacadas de este documento que nos invita a reflexionar y a vivir los valores humanos y espirituales que sostienen nuestra fe:

    “La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”
    Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento».

    «Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una
    falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables».

    «Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese
    testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más».

    «Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión         nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo
    verdaderamente humano».

    «A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia
    del Señor que nos estimula a hacer el bien posible».

    «En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin
    preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de
    la historia. Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos».

    «Reconozco con gusto cómo muchas mujeres comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica. Pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia».

    «Más que como expertos en diagnósticos apocalípticos u oscuros jueces que se ufanan en detectar todo peligro o desviación, es bueno que puedan vernos como alegres mensajeros de propuestas superadoras, custodios del bien y la belleza que resplandecen en una vida fiel al Evangelio».

    «El debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz».

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